Todos habrán visto un cristal de roca en plena naturaleza. En general es sometido a presiones inimaginables, al estar apresado en medio de rocas y pedruscos pesadísimos. Pero acaba siendo capaz de ordenar hasta la más intima esencia de su estructura para superar todas las pruebas, convirtiéndose en una de las esencias de la belleza.
El cristal es un “embrión” nace de la tierra de la roca. Según la mineralogía india, se distingue el diamante por su grado de madurez embriológica: el cristal no es más que un diamante insuficientemente maduro. Los cristales albergan en sí mismos los múltiples símbolos de la piedra, desde el sentido andrógino de la piedra bruta al valor de amontonar piedras en un determinado lugar del camino, costumbre que se da en pueblos de los Andes, de Liberia o de los Himalayas.
Su transparencia es uno de los más bellos ejemplos de unión de los opuestos: el cristal, aunque sea material, permite ver a través de él, como si no fuese material; representa el plano intermedio entre lo visible y lo invisible. Es el símbolo de la adivinación, de la sabiduría y de los poderes misteriosos otorgados al hombre.
El cuarzo, uno de los minerales más presentes en la naturaleza, cristaliza formando las conocidas formas de prisma.
Cuando sus caras de romboedro se desarrollan por igual, el conjunto toma el aspecto de una doble pirámide hexagonal; los cuarzos terminados en dos puntas de forma natural son difíciles de encontrar, pero son muy apreciados porque se considera que pueden emitir energía hacia fuera y hacia adentro.
El creador de las modernas cúpulas geodésicas, Buckminster Fuller, comprobó que el mayor efecto de sinergia se da precisamente a través del hexágono: justamente tal como cristaliza en la naturaleza el agua en hielo. Los cristales de cuarzo son, en este sentido, una muestra permanentemente del “agua sólida”, de lo manifestado, del fuego que fragua, del líquido que cuaja.
Si se pone agua a hervir, el orden molecular de ésta es incoherente, ocupa un espacio muchísimo mayor, se desintegra y se mueve de forma irregular. Pero si la enfriamos y adquiere el sólido estado del hielo, los átomos se habrán contraído y compactado en un tamaño mucho menor incluso que en estado intermedio o liquido. Un ejemplo que se repite incesantemente en la danza de la vida del mundo que todos conocemos…