Al igual que en el resto de las prácticas cartománticas, cada tarotista debe tener su propia baraja, conocerla y practicar continuamente con ella hasta llegar a familiarizarse con los significados individuales de cada una de las cartas y con el global de las distintas combinaciones que se pueden dar.
En el proceso de la lectura de las cartas, en primer lugar se barajan las cartas, seguidamente se extienden sobre el tapete y el tarotista o experto las interpreta.
Sin embargo, hay que establecer las correspondientes diferencias entre la adivinación por los arcanos mayores del tarot y la de las barajas ordinarias, ya sea la española o la francesa. La primera exige un conocimiento más detallado, profundo y concreto de un simbolismo que abarca una serie de conceptos que se interrelacionan hasta con la alquimia, la astrología, el psicoanálisis e incluso la psicoterapia.
Así mismo, es importante que el consultante y el experto mantengan una predisposición para la consulta, tanto psicológica como en cuanto al lugar que deben ocupar en la mesa. Además, hay incluso quien opina que uno y otro deben sentarse frente a frente, que la mesa de trabajo debe cubrirse con una tela, etc. También hay quien opina que esto son sólo supersticiones.
Ciertamente, los métodos de adivinación son diversos y las formas de abordarlos también, y sin embargo, todos necesitan una completa concentración y un profundo conocimiento de los naipes.
Otro dato importante es el momento del corte del mazo, que se hará con la mano izquierda, así como la conveniencia de ir mezclando cartas del derecho con cartas invertidas mientras se baraja el mazo. Una vez realizado esto, el experto le entregará la baraja al consultante para que este baraje de nuevo y lleve a cabo el corte. A continuación el cartomántico tomará de nuevo la bajara y distribuirá los naipes según el tipo de tirada que escoja, el sistema o método que más convenga a la consulta o el que le resulte más efectivo según le aconseje su propia experiencia.